Ilustradora: Tamara Anegón
Editorial: Carambuco
40 páginas
A veces, la clase de Mateo, entre risas, gritos y carreras, parece una auténtica jungla. Un día, para escapar del caos, mete la cabeza en su mochila… y aparece en una jungla de verdad. Allí conoce a Tina, una avestruz muy sabia que le enseña el mejor truco para vivir a la jungla: observar a todos los animales y aprender de ellos para adaptarse a cada situación. Mateo descubrirá que en la jungla, como en su clase, hay los que se cuidan mutuamente, los que saben muy bien cómo divertirse o quien se se esconde en su caparazón cuando necesita protegerse. Con Tina como guía, Mateo aprenderá cómo vivir en la jungla… y en cualquier clase que se le asemeje.
Tengo que admitir que en un principio, cuando lo vi entre las novedades, no hice mucho caso a este libro. Sin embargo, ha acabado en mis manos, en nuestras manos, y, ¡guau!, qué maravilloso, porque es uno de los cuentos con mensaje más interesantes que he descubierto últimamente, y menudas ilustraciones preciosas tiene.
El protagonista se llama Mateo, como mi hijo, y eso ya es un punto positivo, pues a él le hace mucha gracia. Además hay un personaje que se llama como su hermano, ¡qué bonita coincidencia! De la mano de Mateo, podemos contemplar un día normal en una clase normal llena de niños. La maestra tiene que salir un momento y los chiquillos se desmadran. Mateo, para evadirse, mete la cabeza en la mochila y ocurre la magia: ¡aparece en la jungla! Ahí conoce al avestruz Tina, que le mostrará a los diferentes animales y sus comportamientos. Conforme Tina le va presentando animales, van comparando su comportamiento con el de algún compañero de Mateo, ¡y qué acertadas son estas comparaciones! Hay unos pájaros que trabajan mucho antes de darse el lujo de descansar, qué maravilla de ejemplo para explicar a mi hijo lo que tantas veces tengo que repetirle: primero haz el trabajo y luego podrás jugar, cuanto antes lo hagas, antes podrás ponerte con lo que te apetece. También hay otros ejemplos maravillosos que he podido extrapolar a detalles concretos: los elefantes, que están ahí para ayudar a su familia; los loros, que acuden los unos a los otros cuando necesitan algo. Este ejemplo me ha gustado especialmente, pues no siempre tienes que acudir cuando te piden ayuda, hay veces que a alguien le cuesta pedir ayuda; también hay que acudir cuando ves que alguien la necesita, aunque esa persona no lo diga. Estos son solo algunos ejemplos, hay varios más, y son todos muy interesantes para poder aplicarlos al día a día, a momentos concretos, no solo en el colegio, en la vida en general.
Me ha gustado mucho este cuento, me parece muy atractivo que la autora utilice comportamientos reales de animales para poder ilustrar comportamientos típicos de niños. Mientras lo leíamos por primera vez, mi hijo era el que iba diciendo: «¡Mira!, como tal niño, o como este otro». O yo decía: «¿Has visto? Como cuando tú haces esto». Es difícil inculcar un hábito a un niño solo con la lectura de un cuento, pero cuando es algo que repites en casa y de pronto lo ves ilustrado en una historia y comparado con algo que hace un animal, pues oye, es más fácil recordarlo. Ahora, cuando mi hijo tarda muchísimo en recoger los juguetes porque es algo que le cuesta, le digo: «¿Te acuerdas de los tejedores?», y sí, claro que se acuerda.
Por último, no puedo dejar de mencionar las ilustraciones, tan bonitas, con colores suaves, divertidas. En este caso, el cuento también destaca por sus imágenes y colores, llama muchísimo la atención. Nos ha gustado mucho todo.
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Traductora literaria. Devoradora de libros. Con la cabeza en las nubes.






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