Narradores: Helena Ovalle y Eduardo Naranjo.
Editorial: Planeta
528 páginas
La vida no es justa, y eso Logan lo sabe muy bien. Después de una dolorosa pérdida, su corazón se ha vuelto hermético, frío e inquebrantable. Por eso no le importa que todos crean que es el malo de la historia.
Leah nunca se ha sentido la protagonista de la suya. Vive con la cabeza enterrada en los libros, intentando pasar desapercibida, y se refugia en la gran comunidad de lectores que tiene en internet.
Leah no es el tipo de chica que Logan está buscando.
Y Logan es la clase de chico que Leah trata de evitar.
Quizá por eso lo que hay entre ellos funciona tan bien.
Es el segundo libro que leo de Inma Rubiales, autora que conocí con Todos los lugares que mantuvimos en secreto y que me conquistó con esa novela. Vi que había escrito otras con protagonistas que salen en ese libro y me animé a leer El arte de ser nosotros, que, además, creo que es su libro más famoso, porque lo he visto en todas las librerías por las que me paso en un puesto bastante visible. Leah y Logan aparecen en el libro que yo ya había leído, aunque no son personajes principales. Ella es la mejor amiga de la protagonista. Sabía, por lo tanto, cómo concluía su historia aquí, aunque no ha sido ningún inconveniente porque, de todos modos, es el final esperado en un libro de este estilo. ¿Juvenil? Pues, mira, no, porque hay escenas aquí que no son para niños y niñas de, por ejemplo, doce años. Supongo que aquí entra ese matiz que distingue el género juvenil del young adult, que creo importante dejar claro.
¿Qué me ha parecido este libro? Me ha gustado, empiezo por ahí, porque es la realidad, aunque con reservas. Cuenta una historia bonita con dos personajes muy esteorotipados: ella, insegura, muy insegura; él, típico chico malo con una historia dramática detrás. Como no suelo ya leer este género, me gusta reencontrarme con la clase de historias que tantísimo me gustaban hace unos años, y la verdad es que no me ha disgustado, aunque Todos los lugares que mantuvimos en secreto me gustó mucho más.
Es un libro bonito, pero lento, muy lento, la historia se desarrolla de una forma muy pausada y en un principio te engancha y te gusta porque el estilo de la autora es precioso, narra muy dulce, pero la realidad es que cuando ya has leído tres cuartas partes de la novela, te das cuenta, de pronto, de que en realidad no ha pasado nada. O nada de importancia. Es un libro extenso y en ocasiones se hace pesado por la ausencia de chispa, de acontecimientos interesantes. Leah es un personaje dulce y Logan es el típico malote, todo un cliché, aunque a mí estas cosas nunca me han importado. Me gusta el personaje de la abuela de Logan, y también los amigos de él que tan bien se portan con Leah, aunque aparecen más bien de relleno. Igual que la amiga de ella me parece insoportable desde el mismo inicio. Hay varias sorpresillas, aunque alguna me la esperaba, pero, en realidad, es un libro muy lineal con un ritmo pausado que puede llegar a aburrir. Si tuviera que puntuarlo, probablemente le daría un seis, porque no me parece una mala novela, pero creo que podrían recortársele muchas páginas y seguiría siendo la misma historia, no faltaría nada interesante.
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Traductora literaria. Devoradora de libros. Con la cabeza en las nubes.






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