Traductora: Natalia Navarro
Editorial: Stefano Books
256 páginas
Edi y Ash han sido mejores amigas durante más de cuarenta años. Desde la infancia, han estado juntas en los momentos importantes de la vida: robar vodka a sus padres, los conciertos de R.E.M., matrimonios, infertilidad, hijos. Como dice Ash: «la memoria de Edi es como la copia de seguridad de la mía».
Cuando a Edi le diagnostican cáncer, el mundo de Ash cambia para adaptarse a los ritmos del cuidado de su amiga, desde preparar cubitos de sandía y hacer musicoterapia hasta el contrabando de aperitivos y excursiones improvisadas bajo las frías noches de invierno.
A fin de cuentas, la vida consiste en exprimir la felicidad de cada momento y construir un almacén de recuerdos, en aprender cuándo aferrarse y, también, cuándo dejarlo ir.
Catherine Newman, volvemos a encontrarnos después de Sandwich, una novela que me encantó por la profundidad de las emociones de su protagonista. Ahora me presentas, Newman, otra historia dura, la de dos amigas que se quieren por encima de todas las cosas, la de dos amigas que han de despedirse porque una de ellas está enferma, porque sabemos que va a morir, y nos narras, justamente, sus últimas semanas de vida. Newman, me has roto el corazón, me has destrozado, me has arrasado.
Esta fue mi primera traducción después de mi baja por maternidad y me rompió por completo. Una mujer, Edi, que va a morir e ingresa en un centro de cuidados paliativos para pasar lo mejor posible sus últimas semanas de vida. Por desgracia, este centro está bastante alejado de su casa y ha de despedirse de su marido y de su hijo. Imaginar a ese hijo sin su madre, pero, sobre todo, a esa madre teniendo que aceptar despedirse de su hijo, no porque va a morir (que sí), sino porque va a pasar lo que le queda de vida alejada de su casa para no traumatizar a su pequeño... ¡uf! Lloré mucho, sufrí, me deshice. Tengo un hijo de cinco años y hacía poco tiempo que había dado a luz a mi segundo bebé. Me destrozó. Eso fue lo que más dolor me causó de esta historia tan dolorosa que, en realidad, se centra en la relación de amistad de las dos protatonistas, en el dolor de su mejor amiga.
Edi y Ash, qué amistad más hermosa, qué bonita relación. Edi no puede contar con su marido y su hijo por la distancia, pero tiene la inmensa suerte de tener a Ash cerca, su mejor amiga de siempre. Ash es quien nos cuenta la historia en primera persona y son sus sentimientos los que nos llegan al alma, porque Edi es su otra mitad, Edi ha estado siempre en su vida, Edi ha compartido con ella los mejores momentos y también los peores, y ahora ella ha de velar por su amiga y encargarse de hacer que sus últimos días sean lo más felices posibles. Ash es maravillosa, es profunda, es compleja, es una bomba de relojería a punto de explotar y pringarnos a todos con su revoltijo caótico de sentimientos. Ash es puro amor, y lo está pasando tremendamente mal con la situación. Ha de ser la fuerte, pero ella también es una persona, tiene una familia, y se abandona por cuidar de todos menos de ella. Dan ganas de abrazarla, de sostenerle la mano, de decirle que todo saldrá bien, a pesar de que una parte, la más importante para ella en este momento, no lo hará. Su mejor amiga va a morir. Tremendo.
He llorado tanto, tanto, tanto con esta novela. He sufrido de verdad, la clase de sufrimiento que te deja sin aliento, con el que no puedes respirar. Ha sido un trabajo duro, una lectura difícil, un libro doloroso. Pero también os digo que es muy bonito, que esa historia de amistad es tan preciosa que compensa todas las lágrimas. Que también hay lágrimas de amor, de admiración. Hay varios momentos en la novela que me hicieron detenerme, que no me permitieron continuar. Como he dicho, cada vez que se habla del hijo de Edi, yo sufría. También una escena de cara al final, varias en realidad. Si hay un «pero» que he de mencionar, es que la historia me ha recordado a la de El baile de las luciérnagas, de Kristin Hannah, cuya novela no he leído, pero sí he visto la serie, salvando las distancias, y es que la de Hannah se centra más en la amistad y la de Newman te cuenta el proceso de muerte.
En definitiva, recomiendo Todos queremos cosas imposibles, por supuesto, porque es un libro precioso cargado de sentimiento. Sin embargo, lo recomiendo con el aviso de que es una historia muy dolorosa y dramática, que no es para todos, ni para cualquier momento de la vida. A mí me tocó justo en un momento delicado por muchos motivos, uno de ellos mi reciente maternidad. Tal vez en otro momento me hubiera afectado menos, aunque dudo que haya un lector al que deje indiferente. Es un libro para llorar, pero también para sentir.

Traductora literaria. Devoradora de libros. Con la cabeza en las nubes.






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